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El Cementerio Inglés de Málaga


En el reinado de Carlos III, en el año 1787, los cementerios estaban destinados solo a residentes católicos, dejando fuera de los mismos a extranjeros con religión protestante. Estos últimos eran enterrados al anochecer en cualquier lugar, como por ejemplo playas, donde sus cuerpos eran arrastrados por las olas o devorados por alimañas.


Ante tal situación, el cónsul británico William Mark consiguió que sus conciudadanos tuvieran un entierro digno, así se creó el primer cementerio protestante de la Costa del Sol, conocido como El Cementerio Inglés.


Muchas personas de renombre fueron enterradas entre sus jardines: poetas, marinos, cónsules…


Entre los británicos existe una vieja leyenda que dice que la última persona en ser enterrada en un cementerio se convertiría en su guardián, su alma vagaría como centinela en la noche para proteger el camposanto hasta que el siguiente difunto ocupara su lugar.


La casualidad quiso que la última persona enterrada allí fuera Antonio Alcaide, antiguo vigilante de seguridad en vida de este cementerio. Así se convertiría en el guardián para toda la eternidad.



El espíritu guardián se ha dejado ver en multitud de ocasiones, los propios vecinos de la zona comentan como desde sus casas pueden observar la figura errante de este vigilante vagando por sus callejones estrechos.


Muchas personas interesadas por este personaje han ido a visitar el lugar y son sorprendidas con manos invisibles por las que han sido tocados, ruidos de pasos donde no había nadie o voces provenientes de la nada.


Según cuentan, un grupo de turistas paseaban por el cementerio cuando un resplandor apareció de la nada y se vislumbraba una figura de hombre, todos pensaron que era parte del espectáculo, menos el guía del recorrido, que sabía que allí no debería haber nadie. ¿Sería Antonio intentando proteger las almas de su cementerio?

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